Comentarios del Vicepresidente Pence para la Comunidad Migrante en el Albergue de Santa Catarina

Iglesia de Santa Catarina
Manaus, Brasil

EL VICEPRESIDENTE: Gracias, Padre Alex. Es un gran privilegio para mi esposa Karen y para mí estar aquí con usted, con el Arzobispo Don Sergio aquí en Santa Catarina, que está demostrando el amor de Dios al ponerse al servicio de la gente de Venezuela en nombre de Cristo. ¿Se unirían a mí para agradecer este maravilloso clero y el impacto que están teniendo? Es algo realmente inspirador. (Aplausos.)

No solo quiero agradecer a la dirección de este clero y a esta Archidiócesis, sino que también estamos muy agradecidos con el Director de Cáritas aquí en Manaus, Italo Lima, y a la representante de Brasil de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Isabel Márquez. Gracias por todo lo que hacen. (Aplausos.)

Y gracias a todos por darnos la bienvenida, especialmente a nuestros vecinos de Venezuela que están aquí, que nos han recibido con tanta calidez en un momento tan desafiante en la vida de sus familias y en la vida de su nación.

Estoy aquí para traer un mensaje en nombre del Presidente Donald Trump y el pueblo estadounidense, para decirles a nuestros vecinos de Venezuela y a todos aquellos que cuidan a estas familias preciosas: Estamos con ustedes, los apoyamos y los respaldaremos hasta que se restaure la democracia en Venezuela. (Aplausos.)

El pueblo de Venezuela merece la libertad y nosotros los apoyaremos, como ha hecho Estados Unidos hasta este momento, para ver que se restablezca la libertad.

En nuestro país enfrentamos una crisis en nuestra frontera sur ya que muchos desean venir a Estados Unidos en busca de una vida mejor. Las familias que Karen y yo conocimos hoy que huyeron de Venezuela, vinieron aquí a Brasil no para buscar una vida mejor: vinieron aquí para vivir, para sobrevivir. Y las familias con las que hablamos hoy nos dijeron una y otra vez lo mucho que desean regresar a Venezuela y restaurar la libertad en su tierra. Y quiero asegurarles que los apoyaremos en esta causa.

Venezuela fue una vez un faro de prosperidad y libertad en el nuevo mundo. Pero con Nicolás Maduro, la gran democracia de Venezuela se ha visto aniquilada por una dictadura brutal. Y las privaciones que han seguido han sido una consecuencia de ese liderazgo fallido.

El régimen de Maduro ha reprimido violentamente a quienes cuestionan o critican su mandato. Han arrojado a miles de presos políticos tras las rejas. Los manifestantes han sido asesinados a tiros en las calles. Las pandillas despiadadas del gobierno han llevado el miedo al corazón de vecindarios y hogares. Y muchos de ustedes han experimentado y visto de primera mano el extraordinario, desgarrador y devastador impacto de la dictadura en su país natal de Venezuela.

El régimen de Maduro ha paralizado la economía. Es increíble pensar que Venezuela fue alguna vez una de las naciones más ricas de nuestro hemisferio y ahora se encuentra entre las más pobres.

Pero el verdadero costo de los crímenes del régimen de Maduro no se puede evaluar en cifras, sino que solo se puede calcular en vidas y en el impacto en las vidas. Estando hoy ante ustedes, es increíble pensar que, incluidos los venezolanos aquí reunidos, más de 2 millones de personas de su país han huido del régimen represivo de Maduro. Dos millones de personas han huido de la dictadura y la represión política que ha tenido como resultado las privaciones y ha creado condiciones cercanas al hambre.

Hoy escuchamos una y otra vez a las familias hablar sobre el impacto de la falta de trabajo, de la hiperinflación de la moneda, de la falta de alimentos y de la falta de medicamentos para las familias.

Hablé con Reinaldo y Jannis y sus tres hermosos hijos que están hoy con nosotros. Nos dijeron que solían vivir en un vecindario en Venezuela que estaba controlado por pandillas del gobierno. Fueron obligados a votar o de lo contrario quedarían excluidos de los beneficios que necesitaban para ir tirando. Reinaldo en realidad me dijo que había llegado a un punto en el que tenía que trabajar durante una semana para poder pagar un día de comida para su familia. Y entonces vino aquí, a los brazos amorosos de este clero y del apoyo de la comunidad internacional.

Hablamos con Willi y Jenny y sus dos hijos, Gabriel y Moisés. Durante demasiado tiempo, ellos también estuvieron pasando por mil dificultades para cubrir las necesidades más básicas de su familia. Sus hijos no podían obtener la educación que necesitan. A menudo tenían que elegir entre seguir yendo a la escuela o tener medicamentos y alimentos. Recientemente, el salario de Willi comenzó a disminuir y sus horas llegaron al punto en que ya no podía mantener a su familia, y vino aquí, y ha encontrado la oportunidad y la esperanza en Brasil.

Nos reunimos con Kritci y Hector y su hermosa familia. Kritci y Héctor nos hablaron de la elección que tenían que hacer entre seguir brindando educación a sus hijos o un techo sobre sus cabezas. Héctor huyó primero a Brasil en diciembre. Kritci y los dos niños, incluido un recién nacido, lo siguieron unos meses más tarde.

Pero todas y cada una de estas familias nos dijeron a Karen y a mí que quieren regresar a casa; quieren regresar a Venezuela. Pero como me dijo personalmente la joven Nicoll, una dinámica estudiante de 22 años: “Necesitamos libertad para regresar”. Y, Nicoll, Estados Unidos apoyará al pueblo de Venezuela hasta que tengan la libertad para regresar. (Aplausos.)

Las Sagradas Escrituras nos dicen: “hacer justicia, amar la bondad”. Y en Estados Unidos, hacemos ambas cosas todos los días. Creemos en el estado de derecho. Defendemos la ley y el orden, pero también defendemos la compasión. Y me enorgullece el hecho de poder informarles que el pueblo estadounidense ha brindado y seguirá brindando socorro y apoyo a los venezolanos que han sido expulsados ​​de su país por la dictadura y las privaciones.

Nuestra nación ya ha comprometido más de $20 millones de dólares para apoyar a las familias venezolanas. Esto se suma a más de $40 millones de dólares para los esfuerzos humanitarios en toda la región. Y ayer anunciamos $10 millones de dólares adicionales para apoyar a las familias venezolanas, incluyendo más de un millón de dólares que se gastarán aquí en Brasil para ayudar a familias como las suyas. El pueblo estadounidense está con ustedes. (Aplausos.)

Permítanme también expresar nuestro profundo agradecimiento a Brasil y al liderazgo de esta gran nación por todo lo que han hecho para apoyar a los más de 50.000 venezolanos, ustedes entre ellos, que han huido de la dictadura y la privación en este último año y medio.

Ahora, el Presidente Temer prometió casi $60 millones de dólares en apoyo, y este refugio es solo una señal del corazón del pueblo brasileño. Y ellos tienen nuestro agradecimiento y nuestra continua colaboración en esta causa.

Permítanme también encomiar a Colombia y Ecuador, y a todas las naciones de la región que brindan refugio y seguridad a los venezolanos que están en pie con ustedes. Realmente creemos que este es un hemisferio de libertad. El destino de este nuevo mundo es un destino de libertad y democracia. Y hemos seguido viendo a lo largo de nuestra historia una expansión constante con altos y bajos, pero una expansión constante de la libertad.

Y sabemos que la libertad ganará al final, tal como ganó en mi nación cuando ganamos nuestra independencia; al igual que la libertad está ganando en toda Sudamérica. La libertad y la democracia prevalecerán en Venezuela. La libertad será restaurada. (Aplausos.)

Digo esto porque tengo fe. Tengo fe en la gente fuerte de Venezuela. Ver la luz en sus ojos, en nuestras conversaciones de hoy, fue realmente inspirador, y Karen y yo nunca lo olvidaremos. Ver lo que está pasando, y aún así sentir su fortaleza en medio de todo esto, nos dice cosas grandiosas sobre ustedes y grandes cosas sobre el pueblo venezolano.

También tengo fe en que esta comunidad internacional continuará unida, particularmente en la familia de naciones de este hemisferio, en nuestro vecindario, hasta que se restaure la libertad en Venezuela.

Y, por último, tengo ese otro tipo de fe que hace eco en estos pasillos y se vive en el ejemplo de la caridad aquí en esta gran iglesia, en este clero, todos los días. La Biblia nos dice: “Donde está el espíritu del Señor, hay libertad”. Y realmente sé y creo, conociendo el corazón de la fe de la gente de Venezuela, el corazón de la fe de millones en este nuevo mundo, que esa libertad prevalecerá en Venezuela. Es nuestro destino compartido.

Así que gracias a todos por su cálida hospitalidad. Muchas gracias a la gente maravillosa aquí en Santa Catarina y a todos los que les apoyan en este trabajo.

Que Dios bendiga a Venezuela. Que Dios los bendiga a todos. Y que Dios bendiga a Estados Unidos de América. (Aplausos.)

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Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.